Dario Barrio accidente salto base

Darío Barrio, un cocinero con hambre de vida

 

Es mucho lo que se ha escrito hasta ahora acerca del trágico accidente del deportista Darío Barrio y el salto base. Los periódicos no han dudado en poner su foco en su accidente pero hoy desde salto-base.es nos gustaría recordar algo más grande que su accidente, su vida. Una vida con propósito, llena de experiencias, momentos únicos, seres queridos y aventura, mucha aventura.

Una vida capaz de dejar huella.

 

Homenaje a Darío Barrio en boca de su madre

 

El cocinero declara que es un hombre al que le gusta vivir experiencias intensas, la vida, dice el cocinero no debe contarse por los años que pasan sino por las experiencias que te han dejado huella, por los momentos de intensidad que han tenido.

El cocinero declara que busca esos momentos que le hagan sentirse vivo, que le hagan sentir que está viviendo.

-“Si algo tengo claro es que la vida es efímera, pensando en el mañana pero disfrutando del presente.”-

El cocinero siempre ha sabido que quería ser cocinero y desde que tenía 14 años tuvo claro que quería jugar entre ingredientes, innovar y disfrutar, vuelve a lo mismo, quería sentir.

-“Yo con 14 años sabía que quería ser cocinero y me he criado en el seno de una familia con una madre que ha guisado mucho. Jugando de niños con plastilina y hacer un muñequito o jugar con harina, mantequilla, huevos, azúcar, chocolates y hacer una mousse o bizcocho.”-

El cocinero explica en un libro que lo que sientes antes dar un salto al vacío es la libertad más pura, la más absoluta.

-“Esa aventura en medio de la selva, un día y otro, la lluvia y luego saltar en base… eso… solo contártelo me estoy poniendo ya nervioso”-

Hoy la madre del cocinero que se llama Darío Barrio es la que lee su texto y pese al dolor por su falta, se siente orgullosa del cocinero, de todo lo que vivió y de cómo lo hizo.

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-“En la vida hay un objetivo, yo creo, que es día a día uno tiene que levantarse con un reto y es alcanzar esos retos es parte de la felicidad.”-

 

 

 

Darío se comió la vida a mordiscos, la disfruto, la gozo y antes de tragársela descubrió el placer de paladearla a cada instante, de vivirla. Así era el cocinero, mi hijo, Darío Barrio

-“Mi objetivo de la vida es vivir”

 

El Equipo Ala

Fue Manolo Chana quien introdujo a Darío en el mundo del salto base, pero ya en la década de los 90 Darío Barrio y Armando Rey se conocieron practicando paracaidismo juntos y desde el primer salto se convirtieron en inseparables.

Los tres amigos junto al aventurero Álvaro Bultó formaron un equipo de inseparables saltadores, unidos por la camarería y hermandad que solo puede darse entre quienes han llevado la vida al límite para cruzarlo después. Junto a sus hermanos de vuelo Darío recorrió acantilados, pareces verticales, hielo y roca, juntos recorrieron lugares prohibidos como el Salto del Ángel o lugares remotos como los Himalayas. Constantemente buscando nuevos retos donde disfrutar la vida intensamente.

 

Los cuatro lograron posicionarse como exitosos empresarios con relevancia mediática, pero su verdadera pasión común era el salto base, la emoción de volar les unía con un fuerte vínculo y entre los 4 amigos acumulaban más de 10.000 saltos.

 

Fue este equipo el que furtivamente escalo a la Torre de Cristal de Madrid para realizar el salto prohibido que a la mañana siguiente seria noticia en todos los telediarios del país. También seria este equipo quién, al perder a Manolo Chana en un accidente decidieron rendirle homenaje montando una expedición a Venezuela para saltar al abismo desde la meseta de Auyantepui. Es desde la cima del Auyantepui desde donde se precipita la catarata más alta del mundo: El Salto del Ángel con 979 metros de altitud y fue desde ahí desde donde decidieron realizar su homenaje a su amigo con un peligroso (y prohibido) salto al vacío.

Con el tiempo solo quedaría Armando del Rey para despedir a sus compañeros, el aventurero Álvaro Bultó perdería la vida al realizar un salto wingsuit desde los Alpes y sufrir un accidente en pleno vuelo. Seria precisamente en el homenaje realizado por Darío Barrio a Álvaro Bultó donde sufrió un accidente mortal mientras sobrevolaba el Castillo de Segura de la Sierra.

Enjoy, Ready, Set, GO!

En el exit antes de saltar, con la adrenalina del desafío solo hay dos opciones: la duda o la certeza de mirar al abismo y entregarse a la libertad de volar. Darío pertenecía a los segundos saboreando la vida frente al acantilado, enjoy, ready, set, GO fue su frase. Allí donde otros dudan, él encontraba la libertad más pura, tanto es así que lo llevaba grabado en su piel en forma de tatuaje. Cuatro palabras, una forma de vida, “Para mí la vida se cuenta en experiencias, no en años” decía Darío, el cocinero con hambre de vida.

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Cuando escribo sobre Darío siempre recuerdo este fragmento de uno de uno de esos libros que transcienden los años:

 

“Pero entonces bailaban por las calles como peonzas enloquecidas, y yo vacilaba tras ellos como he estado haciendo toda mi vida, mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas”.

 

On the road, Jack Kerouac.

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